Quiero dedicar esta publicación a una persona que ha marcado mi vida para siempre. Para ti, mi
querida abuela.
Abuela, tú que estas en las últimas, quiero que recuerdes que te quiero,
que des de el primer minuto de mi vida, cuando lloraba acostado en tus brazos
entraste en mi corazón. Quiero que recuerdes todos los momentos juntos, cuando
me explicabas tu vida, las historias de tu infancia, cuando me enseñabas a
cocinar, mis visitas a tu casa que aunque destrozaba todo, lo que contaba eran
las sonrisas que tu conseguías sacarme. Pero sobretodo quiero que te acuerdes
de cuando me decías “te quiero”. Yo, chico inocente e inconsciente te respondía
con un simple “y yo”. Ojalá pudiera escuchar ahora un te quiero tuyo… ¡que
feliz me haría! Pero la triste realidad es que no puedo, tu enfermedad impide
que recuerdes todos esos momentos y también prohíbe que me recuerdes a mí. Y
eso es duro, muy duro.
Al igual que tu, yo también estoy enfermo. La ausencia de tus besos y
abrazos me han llevado a la enfermedad de echarte de menos y de necesitarte.
Aunque aun puedas respirar, tu cuerpo roza el cielo, allí serás nuestra reina
para toda la eternidad.
Tardes enteras a oscuras sollozando, deseando poder volver a la niñez para
reír contigo y acurrucarme entre tus arrugados y frágiles brazos. El pesimismo
puede conmigo, y aunque mis pensamientos son desilusionadores, mis ganas de que
seas inmortal y te quedes a mi lado para el resto de la vida son inmensas. Y es
que si pudiera pedir un deseo, tan solo uno, pediría la eternidad de los
abuelos. ¿Qué sería de mi vida sin mis abuelos? ¿Quién haría olvidarme de los
problemas de la edad con sus tonterías de niño pequeño y a la vez su madurez de
señor adulto? Tú, mi querida abuela, hacías de mis lágrimas, simples gotas de
agua olvidadas, hacías que esas gotas recorrieran de arriba a abajo mi rostro
sin lástima alguna. Yo solo puedo idolatrarte por que la única vez que me
hacías llorar, era de emoción.
El arte de querer realmente, pocas personas lo consiguen. Tú eres una de
ellas. Te has ganado mi corazón y has creado una unión que nunca se romperá.
Dures lo que dures y estés donde estés te aseguro que esta unión, este hilo por
el que puedo sentir tu amor, nunca se romperá y así, permaneceremos unidos
hasta el final de mis días.
Cuando aun podías hablarme, una vez me dijiste que luche por mis sueños,
que no dejé que nadie se interponga en mi camino, que tu pequeñín era yo y que
podía con todo. Pues escúchame, voy a hacer de tus palabras una realidad y voy
a luchar pos mis metas en la vida con una motivación que me hará lograrlo, tú.
Antes de cerrar esta publicación, deseo pedirte un favor. Quiero que luches, que
te esfuerces por quedarte mucho tiempo más. Hazlo por mí. Si los tiempos de
ahora son difíciles, no quiero ni imaginarme como serán cuando te marches. Eres
fuerte y sé que puedes con todo así que por favor te lo pido, lucha por estar
entre nosotros hasta que la enfermedad pueda contigo. Espero que no llegue
nunca el día en el que el Alzheimer te venza en esta batalla de titanes. Aunque
tú eres el mayor titán que existe. Aguanta por favor. No estoy preparado para
perderte. Sé que ya no puedes escucharme, ni siquiera sé si me reconoces cuando
me ves, pero quiero que sepas que te quiero más que a nada y que permanecerás
para siempre en mis recuerdos y mi corazón. Has pisado fuerte en mi vida y tu
huella quedará marcada en mi corazón hasta que mi cuerpo se descomponga entre
las cenizas de la muerte.
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