sábado, 10 de octubre de 2015

Mi querida abuela.

Quiero dedicar esta publicación   a una persona que ha marcado mi vida para siempre. Para ti, mi querida abuela.
Abuela, tú que estas en las últimas, quiero que recuerdes que te quiero, que des de el primer minuto de mi vida, cuando lloraba acostado en tus brazos entraste en mi corazón. Quiero que recuerdes todos los momentos juntos, cuando me explicabas tu vida, las historias de tu infancia, cuando me enseñabas a cocinar, mis visitas a tu casa que aunque destrozaba todo, lo que contaba eran las sonrisas que tu conseguías sacarme. Pero sobretodo quiero que te acuerdes de cuando me decías “te quiero”. Yo, chico inocente e inconsciente te respondía con un simple “y yo”. Ojalá pudiera escuchar ahora un te quiero tuyo… ¡que feliz me haría! Pero la triste realidad es que no puedo, tu enfermedad impide que recuerdes todos esos momentos y también prohíbe que me recuerdes a mí. Y eso es duro, muy duro.
Al igual que tu, yo también estoy enfermo. La ausencia de tus besos y abrazos me han llevado a la enfermedad de echarte de menos y de necesitarte. Aunque aun puedas respirar, tu cuerpo roza el cielo, allí serás nuestra reina para toda la eternidad.
Tardes enteras a oscuras sollozando, deseando poder volver a la niñez para reír contigo y acurrucarme entre tus arrugados y frágiles brazos. El pesimismo puede conmigo, y aunque mis pensamientos son desilusionadores, mis ganas de que seas inmortal y te quedes a mi lado para el resto de la vida son inmensas. Y es que si pudiera pedir un deseo, tan solo uno, pediría la eternidad de los abuelos. ¿Qué sería de mi vida sin mis abuelos? ¿Quién haría olvidarme de los problemas de la edad con sus tonterías de niño pequeño y a la vez su madurez de señor adulto? Tú, mi querida abuela, hacías de mis lágrimas, simples gotas de agua olvidadas, hacías que esas gotas recorrieran de arriba a abajo mi rostro sin lástima alguna. Yo solo puedo idolatrarte por que la única vez que me hacías llorar, era de emoción.
El arte de querer realmente, pocas personas lo consiguen. Tú eres una de ellas. Te has ganado mi corazón y has creado una unión que nunca se romperá. Dures lo que dures y estés donde estés te aseguro que esta unión, este hilo por el que puedo sentir tu amor, nunca se romperá y así, permaneceremos unidos hasta el final de mis días.
Cuando aun podías hablarme, una vez me dijiste que luche por mis sueños, que no dejé que nadie se interponga en mi camino, que tu pequeñín era yo y que podía con todo. Pues escúchame, voy a hacer de tus palabras una realidad y voy a luchar pos mis metas en la vida con una motivación que me hará lograrlo, tú.

Antes de cerrar esta publicación, deseo pedirte un favor. Quiero que luches, que te esfuerces por quedarte mucho tiempo más. Hazlo por mí. Si los tiempos de ahora son difíciles, no quiero ni imaginarme como serán cuando te marches. Eres fuerte y sé que puedes con todo así que por favor te lo pido, lucha por estar entre nosotros hasta que la enfermedad pueda contigo. Espero que no llegue nunca el día en el que el Alzheimer te venza en esta batalla de titanes. Aunque tú eres el mayor titán que existe. Aguanta por favor. No estoy preparado para perderte. Sé que ya no puedes escucharme, ni siquiera sé si me reconoces cuando me ves, pero quiero que sepas que te quiero más que a nada y que permanecerás para siempre en mis recuerdos y mi corazón. Has pisado fuerte en mi vida y tu huella quedará marcada en mi corazón hasta que mi cuerpo se descomponga entre las cenizas de la muerte.

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